4 abr. 2012

I

Y cuando menos lo esperas, ahí está, un nuevo principio, al alcance de tu mano. Esperando a que lo tomes y vayas al máximo con él, que no tengas miedo a lo que pueda pasar ni a las consecuencias de tus actos, porque sabes que siempre han sido bienintencionados. Y, ¿por qué unos buenos actos iban a tener malas consecuencias?

Tienes que asumir tus responsabilidades, chico.

Estos comienzos no han sido gratos para tí, y, ¿qué importa? Aunque no puedas borrar ni tu pasado, ni tus malos momentos, ni tus malos actos, ni nada, porque todo lo que ha ocurrido no se puede remediar. A pesar de todo ésto, aún puedes crear un nuevo principio donde todos los que te rodean puedan sentirse a gusto contigo, donde los que no te rodeen quieran sentirse a gusto contigo, donde tú mismo te sientas a gusto contigo.

Y para esto no tienes que avergonzarte de tu nombre, porque todo tiene sentido, tú elegiste ese y ese te va a acompañar. Porque dos personas pueden llamarse de la misma manera y ser complétamente diferentes.

Por eso, aquí estoy hoy, recitando esto como si de tu propia conciencia se tratase y te hablase, y no estuviera tranquila. Pidiéndote a gritos que cambies todo esto, que tus aciertos cubrirán tus errores. Que no avances teniendo miedo a tropezarte, porque yo te tenderé la mano. Y juntos podremos salir de todos los agujeros donde te metas. Porque para eso estoy dentro de tí, como este texto que escribes ahora mismo y, que cada vez que lo escuches, sentirás que no has podido sacarlo de más adentro.


Así que eso es todo, ésta es la introducción a un nuevo comienzo. A un nuevo tú. A un tú que has querido corregir a partir de tus errores. Aquellos de los que has aprendido.